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Alamesa Service brinda un servicio que se contrata por semana. Hace un registro de tus gustos y restricciones. Prepara lo que tú puedes y deseas comer

¿La gente tiene tiempo para ingerir comida saludable? De esta pregunta surgió hace diez años esta empresa, encargada de elaborar la dieta diaria de clientes que necesitan bajar de peso o mantenerse en forma. Los platos llegan frescos vía delivery.

Desde que inició esta empresa hace diez años, invadiendo la casa de su madre, Rafael Figueroa supo que crecería si se mantenía como un trabajo en equipo. De lunes a sábados, cuatro motos salen a repartir más de 50 comidas personalizadas.

¿En qué consiste su servicio?

Alamesa Service brinda un servicio que se contrata por semana. Hacemos un registro de tus gustos y restricciones. Hay información general: cómo se paga, lugar de entrega. El resto es información nutricional: si tienes un problema de salud, alergias, tomas algún medicamento o si algo no te agrada. Por ejemplo: dices que no te gusta el zapallo, pero sí lo pasas en crema. Entonces, así va. Tratamos de que la gente tenga variedad, porque si no así, su comida va ser muy monótona y se va a aburrir.

¿Los clientes pasan por una evaluación médica?

La gente puede acudir a nosotros e inscribirse en un plan que responde a ciertos estándares nutricionales. Hay programas de reducción rápida (1.200 calorías), reducción progresiva (1.500 calorías) o mantenimiento (2.000 calorías). Si viene gente, por ejemplo, con problemas como gastritis es necesario que antes de comenzar con nuestro servicio acuda a su nutricionista o reciba la atención del nuestro. Trabajamos también con médicos endocrinólogos.

¿Cómo comenzó?

Hoy sabemos dónde están los puntos más difíciles, pero en el 2000 no había inversiones en este rubro. Comencé con mi madre, quien manejaba concesionarios de comida. No había tanta onda gourmet, no se trabajaba bajo un concepto que le diera valor a la comida, y por eso me decidí por iniciar esta empresa. Renuncié a mi trabajo en una oficina de un instituto y transformé la casa de mi madre en Surco. Subí la sala y el comedor al segundo piso y el primero lo usé como oficina, salas de empaque y almacén, y tomé la cocina. La preparación de los platos era la misma que hoy, solo que más pequeña, y las compras de los clientes no eran semanales o mensuales sino solo por unos días. Al principio atendíamos a 10 personas al día, mi madre estaba a cargo de la cocina, y yo de la parte comercial. Para cualquier empresario, su madre o su pareja van a ser fundamentales en lo que haga.

¿Cómo está organizado un día en su empresa?

El trabajo comienza a las 6 de la mañana. La habilitación (corte, lavado de los insumos) ya se hizo en la tarde del día anterior, entonces comienza la preparación. Trabajamos con un menú principal que tiene 24 días de rotación tanto para almuerzo como para cena. Los desayunos solo son de cuatro tipos y también van rotando. El producto es personalizado, buscamos que todos coman de todo, pero por lo general el 5% come otra cosa (especifican al momento de inscribirse qué verduras o carnes no les gusta) y hay que reemplazarlo por otro plato. Eso es lo que hace el trabajo más complejo, porque se elabora una comanda general para el día y solo algunos platos diferentes. A las 10 a.m. todo queda en manos de cuatro repartidores en moto. Ellos llevan una caja etiquetada con el nombre de la persona y allí van las tres comidas (desayuno del siguiente día, almuerzo y cena) y un snack. Hacen un recorrido según rutas y ya no regresan aquí hasta el día siguiente. La entrega se realiza de 10:00 a.m. a 1:00 p.m.

¿Cuántos platos preparan al día?

Tenemos dos marcas: Delight Food y Alamesa. La primera solo incluye un almuerzo (S/.13), y va de 30 a 60 personas diarias, es gente que ya se ordena, que decide comer más sano y contrata por un mes o más. Que una persona pague hasta 800 soles por un mes no es poca cosa, no ha visitado tu local, no ha entrado a tu cocina, pero confía en tu marca. Alamesa cuesta 31 soles al día e incluye tres comidas. Manejamos muy bien la estrategia de costos. El poder trabajar los alimentos en cantidad hace posible buscar alternativas a los precios. La berenjena puede haber subido a 2 soles la unidad, pero encuentras zapallos que pueden reemplazarla. El menú cambia y mejora en torno a eso. La gente no sabe para qué sirve el chayote, lo ven en el mercado del barrio y no lo usan. Lo probamos y, si funciona, lo metemos en la carta. Y cuesta la cuarta parte de una berenjena. Si quieres ácidos grasos que están en las pecanas y almendras que cuestan 50 soles el kilo, pero sales a buscar y lo mismo lo encuentras en las semillas de girasol, que aquí se las dan como comida a los loros. Este es un negocio muy enfocado en el sector A-B y en el reparto a oficinas, en especial en algunos distritos. Hay empresas nuevas que están sacando proyectos de este tipo pero siempre se enfocan en San Isidro y Miraflores. Pero para nosotros, que repartimos por todo Lima, desde el Callao al Centro Histórico, el lugar más complicado es San Isidro: nos han robado una moto con la comida dentro. En la esquina más circulada de la zona financiera te roban a vista de los policías y faltan estacionamientos. Más fácil es entregar lejos de zonas comerciales o de oficinas. Esta es una barrera.

¿Qué otra existe?

La gente piensa que por ser una dieta debe pagar menos porque va a comer menos. Algunos dirán que 13 soles por un almuerzo de Delight Food es caro, pero todo lo usado en su preparación es más caro que lo normal. La personalización del servicio tiene un costo. Estamos generando valor para los alimentos con esta práctica. En Delight Food tienes 14 opciones fijas de almuerzo, y puedes elegir qué recibir cada día. Para efectos de la cocina están separadas ambas marcas. Todo se prepara por capas. Si alguien no come se pone otra cosa. El servicio es práctico, te resuelve un problema concreto, se adapta a muchas necesidades. Hay gente que dice “deja mi almuerzo en un sitio pero te pago en otro lugar”. Y lo hacemos. ¿Esa flexibilidad qué empresa la tiene?

¿Más de 50 o 60 personas ya es inmanejable para el tamaño de su empresa?

 Siempre hemos crecido a un buen ritmo, prefiero que sea lento pero que no se me escape de las manos. No quiero atentar contra el producto. Recién cuando hace tres años compramos este local en Barranco nos sentimos más confiados. Hemos vencido la estacionalidad de la gente que busca este servicio para bajar de peso cuando está próximo el verano. Tenemos capacidad para hacer más en verano, aunque todavía sube en una cantidad manejable. Lo más difícil ha sido luchar con conceptos que tiene la gente de esto: comida insípida o de menor porción.

¿La mayoría de sus nuevos clientes llegan por recomendación?

Sí, pero también trabajamos promociones para clientes nuevos a los que enviamos almuerzos y si les gusta nos contratan. Tenemos clientes desde hace 6 años. Están tan acostumbrados a nuestro servicio que no lo van a cambiar. Es una relación que nos hizo pensar que en verdad hacíamos las cosas correctas. Aquí el cliente no se conforma con poco. Si cometes un error la gente te llama inmediatamente. Es un buen referente trabajar aquí en el Perú, porque vas a otro país y sabes que allá también podrías hacerlo bien. Por más chiquita que sea tu empresa tienes que cuidar mucho el servicio.

¿Cuándo diría que comenzó el despegue?

Hace cinco años, desde que tenemos un convenio con laboratorios ABL Pharma. Ellos tienen un producto para bajar de peso, pero el cliente necesita una dieta. El paciente compra el medicamento en la farmacia, y nos llama a nosotros para recibir como muestra un almuerzo. Así complementa su tratamiento. Desde este año también trabajamos con Pacífico Vida que buscaba cómo mejorar sus servicios de salud. Con nosotros terceriza un servicio de asesoría nutricional, que incluye descuentos en nuestros productos. Ojalá en el futuro más empresas puedan promover que sus colaboradores y clientes coman saludable.

elcomercio.pe

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