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El lado oculto de Ana María Morín, gerente general de destinos mundiales

París. Se abren las puertas, Ana María sale del ascensor y una gringa que viene en sentido contrario no aguanta más: “¡Qué lindo collar!”.

Ella, que venía luciendo algo diseñado y hecho con sus propias manos, no necesitó de ningún aparato mecánico para alcanzar el cielo.

Todo empezó la Navidad del 2004 cuando mamá le obsequió un collar de huayruros a cada una de sus tres hijas. A Ana María siempre le habían atraído las manualidades. Lo desarmó. Comenzó a ensayar qué más podía hacer.

Bisutería, esa fue su primera afición. Una amiga le presentó el paraíso: el Mercado Central, el lugar donde encontraría un sinnúmero de piezas con las que podría armar lo que quisiera.

No solo eso. A ella, que entonces tenía casi 30 años en el sector turismo, le contó que existían cruceros exclusivos para gente dedicada a la bisutería. ¡Plop!

MANOS A LA OBRA

El día que su cuñada, a quien le obsequió una de sus creaciones, le contó que a una chica de la oficina le había encantado dicho regalo y quería que le hiciera un collar turquesa para lucirlo con su vestido en un matrimonio, Ana María lo tuvo claro.

“Indagué más, me metí a hacer cosas de plata. Me gustó y comencé a armar”. En Miami compró piedras más finas, también corales. Los sábados vivía en el Centro de Lima. “Era mi vacilón. Después hacía pulseras, aretes, misma hippie. Hasta que un día dije: “No me gusta mucho lo que hay, voy a hacer mis propias piezas”. Y así ubiqué a un joyero en San Juan de Miraflores”.

Él le dio vida a sus dibujos; elaboraba las piezas bases y ella se dedicaba al ensamblado. De pronto, todas sus amigas comenzaron a usar sus joyas.

“Y como es manual, llega un momento en el que te metes tanto en el tema de combinar —por ejemplo: si hacía aretes de racimos, los hacía con tres, cuatro tonos de rosados; le metía perlas, una, otra piedra—, ¡que se te pasan las horas! Y como los has hecho tú, cuando los regalas tienen mucho más valor”.

Tres años atrás, decidió cerrar el círculo: en un taller aprendió a hacer las piezas que hasta entonces ella solo dibujaba.

Fue entonces cuando empezaron los problemas: Sí, comenzaron a lloverle los pedidos. “Se convirtió en un estrés: no tenía fines de semana, horas libres, ¡tiempo para almorzar! Y para eso no me había metido en esto”.

 Desde entonces, Ana María ha vuelto al diseño. Hace poco, sin embargo, sufrió un duro golpe: le robaron más de la mitad de sus joyas. Entre ellas, esa que dejó boquiabierta a una gringa que entraba a un ascensor en París.

Sí, pues, duele. Pero hoy más que nunca, Ana María sabe que su arte gusta, y que pronto tendrá nuevas preciosuras que ponerse y obsequiar (principalmente a la culpable de todo: a su mamá).

Entrevistas

Entrevistamos a Miguel Ángel González, CEO de eMobike

Miguel Ángel González es el actual CEO de la franquicia eMobike, un negocio especializado en ofrecer un servicio de alquiler de bicicletas eléctricas destinado al turismo. La dificultad de los turistas para acceder a este tipo de transporte eléctrico, cómodo y ágil llevó a la creación de esta red de franquicias.

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