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Competitividad El ránking de la Corporación Financiera Internacional (IFC por sus siglas en inglés), brazo financiero del Banco Mundial) sirve, en principio, para tener una idea del número de días y de pasos que involucran los procesos de apertura, clausura y mantenimiento regular de una empresa y, en general, cuántas trabas (siempre medidas en tiempo o pasos) existen. Como explicaba el ex titular del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), Luis Carranza, el mencionado ránking “nos sirve para saber cómo estamos con respecto a otros países [...], el que no mejora su posición en el ránking, en la práctica cae, porque los países competidores en la carrera por atraer inversión, mejoran”. El gerente general de PricewaterhouseCoopers (PwC), Miguel Mur, coincide al señalar que “es un referente internacional, porque suministra información comparable, de distintos niveles de riesgo entre países para los inversionistas de todo el mundo”. Según dicho reporte, el Perú avanzó nueve puestos (pasó del 65 al 56) en el mundo entre fines del 2008 y finales del 2009. Sin embargo, como reconocía una de las expositoras del IFC que presentó el informe, el ránking no considera (y por lo tanto no mide) ninguno de los factores que condicionan los obstáculos burocráticos, limita su peso, como señala el ex presidente del Banco Central de Reserva (BCR) y cabeza de la consultora Maximixe, Jorge Chávez. “Como este informe se construye en base a información proporcionada por terceros, no mide lo que pasa al interior de las entidades [...], es un indicador insuficiente y se necesita un instrumento más integral”, afirma Chávez y agrega que incluso, “hay municipalidades que reportan haber reducido los plazos para la entrega de licencias cuando, en realidad, solo cambian la forma de medir los plazos”. Todos coinciden en cuán positivo es haber salido mejor en dicho ránking, y saludan el habernos propuesto ocupar el puesto 25 para el 2011 (“el lugar que ocupa Alemania”, en palabras del ex ministro Carranza). Pero se apuran en aclarar que “es una referencia para medir la competitividad entre muchas otras y ni es la única ni es crucial”, como explica el ex ministro de Comercio Exterior y Turismo, Alfredo Ferrero Costa. En su opinión, el exportar mejor la imagen del Perú, que es un poco lo que, en su opinión, hace el Doing Business, “no determina la competitividad, sino temas mucho más profundos como la eficiencia y la productividad de las empresas [...]; si lo fuera, me pregunto por qué no hay ni un solo inversionista árabe teniendo tanto dinero”. El economista Juan José Marthans es un poco más duro en sus críticas: “es un indicador que sirve de muy poco porque se limita a medir plazos y la competitividad se trata de mucho más que demorarse menos o más en abrir una empresa o pagar impuestos”. Para él, se trata de cambios estructurales que aún no se dan: “¿dónde está el plan nacional de competitividad? ¿Existe? ¿Está ayudando el Estado a que la pequeña, mediana y gran empresa se articulen en cadenas productivas? ¿Dónde está la estrategia de articulación entre el Estado y el sector privado?”, cuestiona. El economista, especialista en temas de comercio internacional y desarrollo, Alan Fairlie, considera (y en esto coincide con Marthans, Ferrero y Chávez) en que hay variables mucho más importantes de las que ocuparse en temas de competitividad, como salud, educación (creación de capacidades) y desarrollo de infraestructura. Sin pistas, sin servicios básicos, sin medios de comunicación, ni gente capacitada, poco importará que el tiempo de entrega de una licencia de funcionamiento sea un minuto. Mur, de PwC, responde que “así no nos guste, es el indicador de mayor difusión y tenemos que estar bien para la foto”.

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