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Dulce Tentación

En los últimos años, la producción de postres de chocolate gourmet ha tenido un notorio auge gracias a visionarias reposteras que han transformado este dulce oficio casero en un delicioso negocio.

La cultura gastronómica peruana ha tenido desde hace una década un refrescante soplo de ideas y propuestas que han contribuido a desarrollar nuevas formas de concebir lo tradicional. La repostería no se escapa de ello. En el caso de la chocolatería, la transformación involucra por igual a la forma y al fondo.

Hace casi un año, en el número 255 de la Calle Ernesto Plasencia, se abrió Bonbons, Confits et Chocolats, un pequeño pero irresistible espacio dedicado a la alta chocolatería, con figuras y combinaciones inimaginables que Sandra Carrión de Carrillo crea para beneplácito de los “chocolateros”.

Su cuidada decoración asemeja a las cotizadas chocolaterías francesas donde los bombones rellenos con praliné, crema de maní, toffee, café o gajos de naranjas glaseadas, desfilan ante los ojos de los recién llegados en cajas de diseño, grandes pomos de vidrio y otras presentaciones que llevan la firma de Sandra.

María Pía Pinasco y Viviana Figari son dos jóvenes profesionales que unieron sus carreras y su gran devoción por el chocolate para crear Voilá, Chocolat (Centro Comercial Jockey Plaza), una tienda boutique dedicada en exclusiva a la venta de bombones gourmet de chocolate belga, elaborado con cacao peruano.

En sus apenas ocho meses de funcionamiento, han logrado seducir con detalles personalizados a un público cada vez más exigente de las diferencias. Sus cajas de regalo, diseñadas por ellas mismas, son un atractivo adicional a sus finos bombones rellenos de almendras caramelizadas, turrón o pasta de avellanas, que ofrecen en presentaciones de cuatro a 25 unidades.

Cien años pionera

En toda la vorágine de modernidad que traen los nuevos tiempos, siempre existen antecedentes que nos devuelven a la tradición.

Y en el Perú, evocar a un buen chocolate es remitirse a los productos La Ibérica, pues esta empresa arequipeña, fundada hace 100 años por el español Juan Vidaurrázaga, ha desarrollado a través de los años un estilo y gusto nacional por el chocolate fino.

Desde sus comienzos, el objetivo de su fundador fue producir un bombón de alta calidad, asociando el buen cacao peruano con recetas artesanales de repostería europea, las cuales se siguen conservando, pero con la aplicación de moderna tecnología, acorde con la creciente demanda que impone la época.

Porque para mantenerse 100 años, además de ser bueno se requiere ser innovador. La Ibérica ha creado diversos productos a base de cacao que satisfacen a todos los públicos. Sus trufas, bombones, pastillas y figuras de chocolate se ofrecen en diversos empaques que simplifican la elección del consumidor, y en diferentes puntos del país, alcanzando una extensa red de distribución que permite encontrar su marca en cualquier rincón del país.

Y es gracias a la constancia de los pioneros y a la creatividad de las generaciones actuales, que el chocolate nacional también es parte de lo mejor que el Perú puede ofrecer al mundo.

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