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La crisis crea muchas oportunidades y probablemente ninguna industria refleje mejor esa realidad que la de los fondos de Inversión, tal vez la más accesible fuente de Financiamiento cuando los Bancos ajustan.

Corría 1999. Una importante empresa agroexportadora estaba a punto de ser desahuciada por el sistema financiero local, producto de la crisis de aquel entonces. Las ventas habían caído, su situación financiera estaba muy deteriorada y no podía pagar su deuda. Para los bancos, seguir dándole recursos estaba fuera de toda discusión: había que liquidarla y cobrar lo que se pudiera. Entonces, llegó Value Investment, una empresa pionera en la administración de fondos de inversión (SAFI) en el Perú, a salvar a la compañía. Compró una participación de 35% en ella, tras lo cual mejoró el modelo de negocio y de gestión, introdujo principios de buen gobierno corporativo, profesionalizó la plana gerencial y le dio vuelta a la situación.

“En 10 años, hemos multiplicado por 15 la inversión que hicimos en esa empresa”, explica el gerente general de Value SAFI, Lizardo Vargas Revilla.

A eso se dedican las SAFI, a identificar y aprovechar grandes oportunidades de inversión (con la ganancia consecuente) ahí, donde nadie más las ve o incluso —hay que decirlo— a financiar proyectos que nadie más se atreve a financiar. Y, como dice el gerente general de Enfoca SAFI, Alberto Pascó-Font, “el mejor momento para una inversión de este tipo es en una crisis”.

“Las empresas medianas que no acceden aún a la bolsa están teniendo algunos problemas para conseguir financiamiento y necesitan capital para pasar la crisis (...) ahí es donde entramos nosotros”, explica José García-Herz, gerente general de Acces SEAF, SAFI, especializada en financiamiento para la mediana empresa.

Pero no es solo en ese segmento. En esencia, todos los gerentes generales que entrevistamos piensan que la crisis ha abierto una oportunidad de oro para esta industria. Ahora —y por ello— pueden acceder más fácilmente, y a menor costo, a industrias y sectores que las instituciones financieras tradicionales ven con cierta reticencia.

Además, al menos por el momento, las SAFI no parecen competir entre ellas, como comenta el gerente general de Sigma SAFI, Craig Smith. “Cada una está dirigida a un segmento o sector distinto y utiliza mecanismos de inversión diferentes”, explica.

Y es cierto. Voceros de Summa SAFI nos confirmaron que incluso se complementan. Al lado de Compass SAFI, Summa financió la operación aurífera de la minera Poderosa. “Nosotros entramos financiando a la empresa con un préstamo de mucho más largo plazo que el que podría otorgar un banco y sin participación accionaria”, dicen. “El requerimiento fue de más o menos US$20 millones. Nosotros prestamos US$10 millones y lo demás lo puso Compass a través de una participación en la compañía. Así, la posición de los accionistas originales se diluye menos”, explicaron fuentes de Summa.

Los sectores en los que pueden intervenir las SAFI son, en la práctica, ilimitados: industria, infraestructura, energía, minería, agroindustria, transporte, educación, salud, turismo y hotelería, comercio exterior, entre un largo etcétera.

Por supuesto, hay administradoras de fondos de inversión que se dedican a invertir en ciertos sectores en particular y otras, como Enfoca, que lo hacen más con un criterio de tamaño, facturación y posición en el mercado, así como un modelo probado de negocio.

“Nosotros no tenemos restricción en cuanto a los sectores en los que nos gustaría invertir (...) estudiamos caso por caso, porque en un sector con problemas se pueden encontrar joyitas”, explica el gerente general de Compass Group, Alfredo Sillau.

Una SAFI puede administrar varios fondos de inversión que, a su vez, pueden estar dirigidos a diversas actividades económicas. Además, pueden tener diferentes formas de invertir el capital que les confían sus partícipes, cualquier persona natural o jurídica que quiera asumir el riesgo y tenga los medios.

¿Cuál es el negocio de las SAFI? Cobran una comisión de entre 1,5% y 2% anual sobre el dinero que les confían sus partícipes. Ello cubre los gastos de gestión y el trabajo que tomó identificar la oportunidad de inversión. Pero, en realidad, como afirma Pascó-Font, el negocio está en la ganancia posterior.

“Nosotros no le garantizamos nada al inversionista, pero si hay ganancias, le aseguramos un 8% de retorno al año y nosotros nos quedamos con el 20% del rendimiento por encima de ese porcentaje”, explica el gerente de Enfoca.

¿Y… PARA QUÉ SIRVEN?

Más allá de servir como medio de subsistencia para quienes los gestionan y como herramienta para incrementar la riqueza de sus partícipes, las SAFI también pueden servir para dinamizar la economía de un país en época de vacas flacas, y funcionan como vehículo anticíclico de inversión.

También pueden ser utilizados (y lo son, pero de manera muy limitada) para movilizar el ahorro interno concentrado en las AFP y dirigir esos recursos a proyectos de desarrollo de infraestructura. Sin embargo, en un país en el que todo está por hacerse, es difícil entender por qué este mecanismo es apenas utilizado por las AFP. “Lo que pasa, entre otras cosas, es que aún no se ha generado un récord de desempeño de estos fondos que, dependiendo del tipo, puede tomar entre cinco y 10 años en generarse”, explica Smith, de Sigma. Con él coinciden García-Herz, de Acces, y Sillau, de Compass, quien agrega que “ese récord se hace a la salida, una vez que el fondo ha expirado y eso puede tomar entre 8 y 10 años”. Sí, parece que sí conversan entre ellos.

Es cierto que el negocio es relativamente nuevo en el mercado y que no existe un registro amplio de su desempeño. Sin embargo, el mismo presidente de la Asociación de AFP, Pedro Flecha, ha anunciado en más de una oportunidad que están estudiando, junto con diversos organismos del Estado (Cofide) y organizaciones multilaterales (el BID y la CAF ), la manera de dinamizar la utilización de este vehículo de financiamiento sin que, a la fecha, se haya llegado a ningún acuerdo concreto. Al menos a ninguno que haya sido digno de anunciar más allá de las intenciones mismas, como el tímido anuncio de que se ha destinado una partida para que el Estado, a través de Cofide, acompañe a las AFP en estas inversiones. Inversiones de esta naturaleza tienen plazos de maduración largos, que alcanzan los 20 años, justamente el plazo de inversión idóneo y escaso (salvo por los bonos soberanos de los que las AFP están hasta el cuello) que necesitan las administradoras de pensiones privadas.

¿Por qué la lentitud? Tal vez porque hay un cortoplacismo intrínseco en nuestra manera de pensar y eso no excluye a las AFP. Ellas deben mostrar resultados de corto plazo (rentabilidad mensual) con los que puedan captar más afiliados. Así, se pierde de vista el enfoque de largo plazo que, por naturaleza, le corresponde a los fondos previsionales: entre 25 y 30 años. En efecto, el calce entre la inversión en infraestructura y la estrategia de inversión que deben tener las AFP, como lo reconoce casi todo el mundo, es casi perfecto.

No obstante, parece que la predisposición desde las AFP no es la mejor. Consultados al respecto, la mayoría de los entrevistados decidió no hacer ningún comentario. Y quien calla, por lo general, otorga.

SEPA MÁS

Fondo de capital privado

A diferencia de un fondo mutuo, que invierte en instrumentos que están —al menos en teoría— a libre disposición de cualquier inversionista interesado (acciones o bonos en las bolsas, por ejemplo), un fondo privado de inversión lo hace en sectores y empresas que no suelen estar inscritos o no están debidamente representadas en los mecanismos centralizados de negociación de valores.

Generalmente, el riesgo es muy alto y los plazos de recuperación de la inversión no son menores a cinco años y no se garantiza el retorno ni aún del capital. Por ello, se trata de un producto dirigido a inversionistas muy sofisticados.

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